El pasado mes de Febrero de 2009 realicé junto a mi hermano y mi sobrino un viaje inolvidable a un lugar donde la naturaleza se muestra en todo su esplendor: La Patagonia.

El viaje comenzó mal, ya que una vez acomodados en el vuelo de Aerolíneas Argentinas que debía trasladarnos a Buenos Aires y después más de una hora a bordo, nos indican que por un problema en un motor teníamos que desembarcar y finalmente después de un retraso de 23 horas iniciamos definitivamente el vuelo y así comenzar realmente nuestro viaje. Este retraso hizo que perdiésemos el enlace previsto en principio para volar hacia Ushuaia y tuvimos que tomar el siguiente con destino a la “Ciudad más austral del mundo”, a la que finalmente llegam
os sin novedad, aunque con la paliza de haber efectuado directamente el viaje Madrid/Buenos Aires/Ushuaia, cuando habíamos previsto pasar inicialmente un día en la capital argentina.
Ushuaia ha crecido notablemente según los lugareños, ya que el turismo ha experimentado en los últimos años un fuerte aumento, posee un puerto de carga y contenedores con bastante actividad y simultáneamente ha adquirido un gran movimiento de buques científicos, al
tratarse de la puerta de ingreso a la Antártida, así mismo desde el Muelle Turístico parten las embarcaciones que realizan excursiones por el Canal de Beagle y sus distintas islas y faros.
Es interesante recorrer su paseo marítimo y la calle principal paralela a él, donde se encuentran la mayoría de las tiendas y restaurantes. En ellos preparan de una forma curi
osa el cordero patagónico, colocándolo abierto y en vertical sobre una especie de cruz cerca de unas brasas preparadas al efecto y aunque en mayor tamaño nos recuerda a nuestros típicos “espetos”. No deberíamos perdernos la visita al Museo del Fin del Mundo, el Monumento a los Caídos en la Guerra de las Malvinas, el Barrio La Misión, las Casas típicas, etc., así como admirar su imponente Glaciar Martial que se ve a simple vista desde cualquier punto de la ciudad.
Nuestra primera excursión en la zona fue al Parque Nacional Tierra del Fuego, situado a 11 Km. de Ushuaia y
con una extensión de 63.000 hectáreas de las que aproximadamente 2.000 son visitables, con áreas de camping y senderos por los que caminar entre bosques de lenga y guindo, así como junto a ríos y lagos que conforman la particularidad de este parque, el más austral del bosque andino-patagónico.
El sector costero presenta entre los lugares
más representativos la Bahía Ensenada y Bahía Lapataia, donde se intercalan barrancos y pequeñas playas de una gran belleza y ese fue el recorrido que hicimos durante unas cuatro horas y con un día espléndido: sol, luminosidad y una temperatura increíble, que según el guía no era nada habitual en la zona. El paisaje que pudimos admirar es impresionante, a los densos bosques y barrancos le seguían playas casi vírgenes, de un agua fresca y transparente donde se reflejaba, entre otras, la famosa
Isla Redonda. En estas costas del Canal de Beagle se encuentran montículos de valvas de forma circular llamados “concheros”, restos de los campamentos que instalaban los indígenas Yámanas para aprovechar los recursos marítimos y la recolección de mejillones que formaban una parte importante de la alimentación de este pueblo.
La siguiente excursión fue una visita a la Estancia Harberton, que fue un obsequio del gobierno argentino en el año 1896 al misionero anglicano Thomas Bridges, por convivir durante 30 años evangelizando a los indígenas que poblaban las márgenes del Canal de Beagle y
que escribió un diccionario yámana-inglés de más de 30.000 palabras de la lengua original indígena. Esta estancia tiene una extensión de 22.000 hectáreas, incluyendo seis islas, entre las que destacan la isla Gable, la más importante del Canal de Beagle en territorio argentino y la isla Martillo. Luego hicimos una visita al Museo Acatushún, dedicado a la fauna marina de las aguas del Atlántico Sur y de la Antártida, donde hacen su tesis doctoral algunos biólogos especializados en los animales de esta parte del mundo.
Después de almorzar nos dirigimos a Isla Martillo, donde existe una gran pingüinera y pudimos observar mile
s de pingüinos magallánicos, tanto adultos como crías, aunque éstas se encontraban ya con un tamaño considerable. Como nota curiosa, en la misma zona viven un gran número de aves rapaces, siempre dispuestas a robar tanto los huevos como las pequeñas crías a la menor oportunidad. Finalizando la visita a esta isla comenzó a llover, aunque con poca intensidad, pero poco a
poco, el tiempo que hasta ese momento había sido magnífico, fue cambiando. Comenzamos entonces la navegación en zodiac por el Canal de Beagle y allí fue donde definitivamente notamos el cambio, ya que el aire que nos llegaba del mar era de un frío intenso, lo que nos obligó a utilizar todo el equipo que habíamos adquirido: gorro, guantes, impermeable, cortavientos, etc. y que por cierto todo funcionó de maravilla.
Para terminar, desembarcamos en la Isla Gable para hacer un recorrido entre sus bosques y que al ser una isla deshabitada, se encuentran totalmente vírgenes, aunque como no paraba de llover el recorrido se hizo algo dificultoso. Finalmente y después de un día de ensueño volvimos a Ushuaia, cansados pero con la gran satisfacción de haber disfrutado de una experiencia inolvidable.