viernes, 12 de junio de 2009

Fotografiando... " Libélulas"

Muy buenas a tod@s.
Desde hace algo mas de un mes estos bellos seres alados pupulan por nuestros arroyos, ríos, charcas y embalses. Con motivo de la llegada de la primavera y con ella la subida de la temperatura, hace que propicie la metamorfosis de estos insectos. Las libélulas pasan la mayor parte de su vida bajo el agua, en forma de larva, alimentándose de otros insectos acuáticos, pequeños peces y renacuajos. Dependendo de la especie pueden llegar a estar bajo este medio incluso 4 años.
Nosotros cuando la vemos volar estamos viendo la última fase en la vida de este insecto. Durante un periodo que puede oscilar entre 3 y 6 meses (según la especie), deben madurar, alimentarse y copular. Después de este periodo mueren.
Fotografiar libélulas es gratificante, pero dependiendo del modo en que viven (pues algunas se posan en juncos y ramas y otras en piedras o en el suelo) nos lo harán pasar mejor o peor.
El primer obstáculo que debemos superar será el acercamiento a estos diminutos seres. Este deberá ser lento y progresivo, sin espavientos, ya que las libélulas, como otros insectos voladores que cazan, tienen muy desarrollada su vista para poder detectar el vuelo del mas minúsculo de los invertebrados voladores. Cada
ojo puede poseer, en las libélulas grandes, unos 30.000
omatidios u ojos pequeños, además de la facilidad con que mueven la cabeza.
Esto nos da una idea de que pocas cosas escapan a la visión de estos bellos cazadores alados. Por lo tanto, hemos de acercarnos muy lentamente. El acercamiento lo podemos hacer o con todo el equipo montado (cámara, 1 ó 2 flashes, objetivo y trípode) ó solo el equipo sin trípode. Esto debemos analizarlo antes de ir a por nuestro objetivo. Ver cual de las dos opciones nos reportará mejor adaptación según el lugar donde se encuentre la libélula. Ni que decir tiene que las prendas que utilicemos han de ser cómodas y flexibles, coderas, rodilleras y calzado para caminar e introducirnos en el agua.
Los prismáticos son de utilidad cuando queremos divisar a lo lejos a algunos de estos insectos posados en sus atalayas de caza.
Nuestro equipo fotográfico deberá estar compuesto por cámara réflex, objetivo macro 1:1 o zoom (si tiene opción macro mejor), 1 ó 2 flashes TTL, cable TTL para separar el o los flashes, cable disparador (en caso de trabajar con velocidades lentas, evitando imágenes movidas) y un sólido y versátil trípode ( yo poseo el Manfrotto 055 PROB).
Un objetivo zoom nos proporcionará unos fondos mas desenfocados que un objetivo de focal fija. Los zoom tienen otra ventaja, y es que si le acoplamos unos tubos de extensión (yo poseo los KENKO AF, juego de 3 anillos) nos podrá acercar mas a las libélulas y además podemos retratarlas a mas distancia, con lo cual evitaremos en buena medida que podamos ahuyentarlas cuando tengamos que aproximarnos demasiado.
Hoy en día, desde hace un par de años tanto Sigma como Tamron venden objetivos macro puros (1:1) con una distancia focal fija de 180 mm y 150 mm, ambos f:2,8. En fotografía macro, es decir, de aproximación y cuando el motivo refeja luz ó brillo se hace imprescindible el uso del difusor propio del flash ó uno casero, como es envolver el cabezal del flash con una bolsa de plástico blanca y una gomilla. Así evitaremos que esos brillos resalten aun mas gracias al destello que le proporciona nuestro flash.
Recomendable , si vamos a estar toda una jornada, utilizar un gorro amplio y cremas protectoras de un factor elevado. En cuanto a la metodología técnica para retratar a las libélulas podemos rescatarla del artículo que subí de las orquídeas. En buena medida nos puede valer para fotografiar libélulas.
Aprovecho la ocasión para comunicaros que espero llevar a cabo un curso-taller sobre la fotografía de estos insectos. Ya me pondré en contacto sobre el día, lugar y la hora.
Recibid un cordial saludo.
Juan Luque.

lunes, 8 de junio de 2009

Viaje a La Patagonia ( II )



Después de la estancia en Ushuaia, nos trasladamos en avión hasta El Calafate, para desde allí tomar un autobús hasta El Chaltén, pequeño pueblo de unos mil habitantes y dedicado casi por completo a las montañas. Se le conoce como la capital nacional del trekking y en sus inmediaciones se encuentran dos de los míticos picos patagónicos: el Cerro Torre y el Fizt Roy. Nos alojamos en la Hostería El Pilar, un hotelito precioso enclavado fuera del pueblo, en plena naturaleza, a orillas del río Las Vueltas y a los pies del Fitz Roy, al que veíamos desde la ventana de la habitación, eso con un poco de imaginación, porque casi siempre está tapado por unas nubes que parecen pegadas a su cima, de ahí que los indígenas le llamaran Chaltén, que significa montaña humeante y que hasta hace relativamente poco tiempo se creyese que era un volcán.

Durante el 1er.día hicimos un recorrido por el pueblo y luego hicimos una excursión al Chorrillo del Salto, una espectacular cascada de unos 40 metros de altura y con un caudal importante. Después y a través de una pista de tierra, (ripio lo llaman allí), fuimos al Lago del Desierto, enorme en extensión y a los pies de un gran glaciar. Durante el camino, nos acompañó un río de agua transparente procedente del glaciar, que en ocasiones formaba alguna cascadita entre las rocas y todo el entorno no podía ser más atractivo, grandes bosques, altas montañas, glaciares y además con la suerte de que la meteorología nos brindó un día espléndido, que aprovechamos para pasear por un sendero que rodea el lago a través del bosque y que nos permitió contemplar unos paisajes impresionantes.

El 2º día comenzó con una buena caminata hasta el Mirador de los Cóndores, que se encuentra en una montaña junto al pueblo y con unas vistas panorámicas espectaculares. Aunque el tiempo seguía muy soleado, allí arriba el viento se hacía notar y con él la sensación de que la temperatura era más fría. Después de comer nos trasladaron hacia el Lago Viedma para embarcar y realizar una navegación hasta el Glaciar Viedma y resultó ser una tarde genial, ya que las luces que tuvimos fueron ideales para la fotografía y el barco se acercó bastante al frente del glaciar recorriéndolo en su totalidad a una marcha muy lenta y a veces deteniéndose para que pudiésemos apreciar toda su belleza. Las distintas tonalidades de blancos y azules que estos hielos milenarios nos pueden ofrecer son enormes y si además contamos con la luz adecuada, su contemplación es todo un sueño.

La mañana del 3er.día nos ofreció un espectáculo fabuloso, por fin vimos el mítico Fitz Roy despejado hasta la cumbre, fueron solo unos momentos, ya que siempre había algunas nubes cerca, pero entre ellas finalmente conseguimos verlo. Con tan buenas vibraciones comenzamos la que sería nuestra última excursión en El Chaltén, una subida por el sendero Madre e Hija al Mirador Cerro Torre, para admirar la que muchos consideran la montaña más bella, pero en esta ocasión no hubo suerte y el Cerro Torre no se dejó ver, toda la zona donde se encuentra permaneció entre una masa nubosa enorme y en los tres días que pasamos en el pueblo no se despejó ni siquiera un momento, cosa que según los lugareños es bastante habitual, ya que solo muestra su esbelta figura en contadas ocasiones. Al margen de esto, la excursión aunque no exenta de algunas subidas bastante duras, fue muy entretenida y disfrutamos como siempre de un entorno privilegiado, aunque conforme se acercaba la tarde, el tiempo fue cambiando y tanto el viento como el frío se hacían notar, para finalmente y durante el regreso pasar a ser bastante desapacible.

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