Sobre las seis de la tarde, subimos de nuevo al autobús que nos devolvería a El Calafate y allí nos recogieron para trasladarnos a
nuestro hotel (Hostería La Estepa), donde llegamos con la vista puesta en nuestro próximo destino: el glaciar más famoso del mundo … ¡¡¡ El Perito Moreno ¡!! A la mañana siguiente iniciamos la que prometía ser una visita inolvidable, ya que teníamos previsto pasar el día completo en su entorno para poder admirarlo con detenimiento y desde distintos ángulos, pero d
esde el principio vimos que sería un día difícil, amaneció muy cubierto y conforme nos acercábamos a la zona donde se ubica el glaciar, la oscuridad aumentaba y lo que en principio era una débil lluvia, poco a poco se fue convirtiendo en un intenso aguacero. Primero estuvimos recorriendo las famosas pasarelas desde donde pudimos apreciar la inmensidad de su tamaño, sus altas paredes y las distintas tonalidades de azules que nos ofrecen sus hielos milenarios, aunque todo ello bajo una persistente y molesta lluvia. El hielo al romperse tronaba con un ruido sordo para luego sonar con estrépito al
derrumbarse sobre el agua del lago y esta sinfonía se repetía cada pocos minutos. Una vez realizada esta primera toma de contacto, pasamos a una embarcación para recorrer el frente del glaciar y es así como se puede comprobar su altura y lo caprichosas de sus formas y grietas, fue una navegación tranquila y pausada para poder admirar esta maravilla natural. Conforme finalizábamos esta excursión, la oscuridad fue en aumento y la lluvia comenzó a caer con gran fuerza, imposibilitando totalmente seguir con la toma de fotografías, obligándonos a resguardarnos en el interior de la embarcación hasta que llegamos a desembarcar para ir a comer y ante la evidente imposibilidad de que el tiempo mejorase, decidimos que lo mejor sería volver a El Calafate, así que aunque teníamos acordado con el guía estar en el Perito Moreno hasta el anochecer, tuvimos que abandonarlo sobre las tres de la tarde, aunque por la oscuridad reinante parecían las diez de la noche.
La otra gran excursión de la zona es la llamada “Todo Glaciares”, así que de n
uevo nos recogen temprano para el traslado a Puerto Bandera e iniciar la navegación por el Lago Argentino. El tiempo continúa lluvioso y cubierto de nubes y así, entre gran cantidad de iceberg desprendidos de los glaciares, vamos recorriendo el lago hasta llegar al frente del glaciar Upsala que es el más extenso de Sudamérica con una longitud de
mponentes paredes y que alcanzan los
Después del recorrido por la Patagonia argentina, tomamos un autobús hacia C
hile y sorteando los Andes por la mítica carretera 40, llegamos a lo que sería nuestra última visita patagónica: el Parque Nacional Torres del Paine, que con una superficie aproximada de 242.000 hectáreas y declarado por la UNESCO reserva de la biosfera el 28-04-1978, es un lugar mítico entre los amantes de la naturaleza y las montañas. Durante el 1er. día, hicimos un amplio recorrido en vehículo todo-terreno para conocer diversas zonas de esta extenso Parque
Nacional, así admiramos la imponente visión de los Cuernos del Paine, el Salto Grande (que es el paso directo del Lago Nordenskjöld al Pehoé), El Lago Grey, etc., admiramos varios grupos de guanacos, el plane
ar majestuoso de los cóndores e incluso un águila mora cazando una liebre. Con estos momentos grabados en nuestra mente, llegamos a nuestro alojamiento:
La 1ª excursión prevista era a la vez la más emblemática, pues nos debía llevar ha
sta la base de las torres. Comenzamos el trekking con un tiempo nublado y fresco desde
y ya podíamos apreciar cómo parte de las torres se asomaban entre el paisaje montañoso. Tras tres horas de caminata, llegamos al refugio Chileno y allí paramos unos minutos para descansar, beber agua y comer algunos frutos secos. Nos quedaba por delante la parte más difícil, intensas subidas y abruptas bajadas, atravesando arroyos y surcos de agua de montaña, hasta que en un denso bosque de lengas llegamos al Campamento Torres, donde se encuentra uno
de los guardaparques, allí la climatología volvió a jugarnos una mala pasada y una densa niebla llega a ocultarnos por completo las imponentes Torres del Paine, como último esfuerzo teníamos la subida por una morena de piedras que lleva hasta la base misma de las torres, pero después de algún tiempo de espera y ante la oscuridad reinante decidimos comenzar la dura marcha que nos devolviese al punto de partida, al que llegamos después de ocho horas de duras subidas y bajadas, agotados por el esfuerzo, con la decepción de no haber tenido una visión clara de las torres, pero con la satisfacción de haber recorrido una de las zonas más bellas de la naturaleza.
La siguiente excursión fue la bajada en zodiac del Río Serrano hasta el Mirador del Glaciar y posteriormente continuar la navegación en otra embarcación hasta 
porque la excursión prometía … pero aquí definitivamente la climatología es la que manda. Posteriormente nos trasladamos a Puerto Natales, donde pasamos la noche y a primera hora de la mañana siguiente volvemos a tomar el autobús, que tras cuatro horas de viaje nos llevará de nuevo a El Calafate para coger un avión con destino a Buenos Aires, dando así por finalizada nuestra e
stancia en La Patagonia.
Estuvimos dos días recorriendo la capital argentina admirando sus amplias avenidas, sus parques, sus barrios, la modernidad de Puerto Madero y cómo no la mítica Corrientes, 348 y calle Caminito, para una vez completada nuestra estancia en Buenos Aires, retornar a nuestra querida Málaga, después de haber pasado unos días inolvidables en plena naturaleza.
Más fotos en: http://asanchez.ojodigital.net/thumbnails.php?album=35



















2 comentarios:
Bueno, amigo Antonio, aún podemos ver otro montoncito de buenas fotos. Que buen recuerdo este para dejar constancia de ese viaje tan maravilloso, envidia sana es lo que puede despertar. Un abrazo
estupendo artículo Antonio. con tus aportaciones y vivencias me haces disfrutar aún más de éstos recónditos y magníficos lugares a los que sueño algún día en visitar. un saludo
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